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El presidente Lacalle Pou comienza el año recuperando parcialmente terreno en la consideración pública, luego de tres mediciones consecutivas de caída en sus niveles de aprobación.
Los uruguayos no parecen percibir buenos ejemplos del liderazgo regional. A excepción de Lula, todos los líderes evaluados reciben miradas de balance negativo de parte de la población nacional. Las miradas tienen un natural sesgo ideológico, y aparecen algunas diferencias llamativas entre la población más joven.
A un tercio de los uruguayos (34%) los espectáculos de carnaval le gustan “mucho” o “bastante”. Las murgas, y en menor medida los parodistas y humoristas, son los géneros preferidos. La atracción por el carnaval es mayor en Montevideo, entre las personas de estratos medios, y entre las identificadas ideológicamente con la izquierda.
El conocimiento de estas reformas es relativo, y las opiniones muestran un escenario dividido, con balance negativo. Los juicios están fuertemente influidos por las orientaciones ideológicas de los entrevistados.
Al terminar el año, en medio de derivaciones de los casos “Astesiano” y “Marset”, los juicios sobre el desempeño del presidente Lacalle Pou alcanzan el punto más bajo del período de gobierno. En una estructura de opiniones un poco menos polarizada que en la medición anterior (menor aprobación y algo menor desaprobación), el saldo neto de evaluación se reduce a +1.