15 . 9 . 2016 Volver al listado

Gracias Sordo

El viejo y enorme espejo del baño del primer piso cayó estrepitosamente, llevándose a su paso el lavamanos que estaba debajo. Todo se hizo mil pedazos, causando un estruendo que resonó amplificado en las paredes de la vieja casona de Bulevar Artigas. Todo el mundo salió alarmado de sus oficinas a ver qué había ocurrido. Incluso el “Sordo” (que en ese momento dirigía el área de opinión pública de Equipos), también salió de su casi impenetrable “búnker”. Creo que esa fue la primera vez que lo vi en persona.

Corría el año 1992. Yo era un joven estudiante de 19 años que acababa de entrar a Equipos a una “pasantía” de 3 meses, y él era ya una figura mítica de la Ciencia Política y la opinión pública uruguaya. Ya era “el Gurú”. Su presencia impactaba.

Todo el mundo estaba algo alterado por el incidente del espejo. Salvo el “Sordo”, que festejaba que “hasta él lo había escuchado”, y se reía de su ocurrencia. Ahí me di cuenta que el personaje mítico tenía un sentido del humor que incluía la capacidad no muy frecuente de reírse de sí mismo y de sus circunstancias. Mi respeto hacia él aumentó.

Los avatares de la vida hicieron que pocas semanas después, el “Sordo” anunciara que se iba de Equipos. Las diferencias del momento con su socio -luego adversario y competidor, y finalmente amigo- César Aguiar, los llevaron a tomar caminos separados. Ahí nace Cifra.

Durante los primeros años “la ida del ‘Sordo’” marcó fuerte el clima de Equipos: ambas empresas se miraban de reojo. Pero, más allá de la dura y franca competencia, siempre escuché en la interna hablar de él con mucho respeto profesional y personal. En muchas cosas su legado permaneció, impulsado por quien asumió la dirección de Opinión Pública: Agustín Canzani, que había trabajado años con él. Ante determinadas circunstancias, no era raro que alguien citara alguna frase “de pasillo” del “Sordo” para esclarecer algún punto crucial.

Una década después, en 2002, yo había retornado a Uruguay de mis estudios de Doctorado y estaba encaminando mi Tesis. Mi tutor español me sugirió que buscara un Dr. en Ciencia Política local para que me ayudara con algunos puntos de la realidad uruguaya. Tras pensarlo un poco, le escribí al “Sordo”. Temí que no pudiera o no quisiera ayudarme. Casi no nos conocíamos: yo ni siquiera había sido su estudiante. Pero además yo había vuelto a trabajar en Equipos, y las relaciones entre las empresas no estaban precisamente en su mejor momento. Me dijo algo así como: “Estamos en competencia. Pero…... en esto somos muy pocos, y tenemos la obligación de ayudarnos. Contá conmigo”. Sus generosos aportes enriquecieron mucho mi comprensión del comportamiento electoral en Uruguay.

El tiempo mostraría que los caminos empresariales que se habían bifurcado en 1992 no iban en dirección contraria, sino que transcurrían en paralelo, y que volverían a cruzarse. Casi dos décadas después del quiebre, César y el “Sordo” volvieron a encontrarse y a elaborar proyectos comunes: Cifra y Equipos sumaban esfuerzos para trabajar conjuntamente en el exterior, bajo el paraguas de “Suma”. Esto me dio la primera y única posibilidad de mi vida de trabajar lado a lado con el “Sordo” en lo profesional (más allá de que coincidimos en algunos proyectos académicos de la Universidad Católica y la Fundación Konrad Adenauer). “Suma” hizo algunas cosas divertidas profesionalmente en otros países. Enfrentamos también algunas situaciones que no son comunes en Uruguay (que preferiría no dejar por escrito para preservar el honor de nuestros clientes). En esos avatares terminamos haciendo juntos una presentación en la Casa Rosada (en una oficina que él dijo que era la que había sido de Perón, con balcón hacia la Plaza de Mayo), y deslumbró a nuestros interlocutores del momento con su profundo conocimiento de la historia argentina y la brillantez de su análisis. Los escenarios que planteó, se cumplieron luego casi a la perfección.

En nuestro país, sus datos y análisis mejoraron por décadas la capacidad que tenemos de entender a la sociedad uruguaya, y contribuyeron (a través de centenares o miles de reportes privados de investigación) con la toma de buenas decisiones públicas y privadas. En definitiva, su aporte de valor a la sociedad fue muchísimo más allá del rol puntual que lo hizo masivamente conocido (el de “pronosticador anticipado” de elecciones en Canal 12), rol en el que también descolló.

No era infalible, porque era humano. Pero era un caballero. Lo vi asumir críticas justas con hidalguía, y críticas injustas y muy injustas con enorme entereza y sabiduría.

En una actividad en la que siempre hubo quienes optaron por tomar atajos (o directamente por jugar por fuera del camino), él siempre se mantuvo en sus convicciones.

Para mí siempre fue un ejemplo, uno de “mis faros” (junto con Agustín  y César, con quienes trabajé muchos años). Pero, mucho más allá, fue uno de los grandes “faros” que alumbró la disciplina toda.

Muchas gracias “Sordo” por todo. Quienes tenemos el estudio de la opinión pública como nuestra pasión, te estaremos eternamente agradecidos.

 

 

Ignacio Zuasnabar

Director de Opinión Pública de Equipos Consultores

 

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