28 . 3 . 2016 Volver al listado

Confianza, humor, expectativas

Por Alejandro Cavallo – Artículo publicado el 28 de marzo de 2016 en Economía & Mercado de El País


Las decisiones de compra de los consumidores dependen en buena medida de los ingresos, aunque también del humor y las expectativas de las familias. El grado de optimismo o pesimismo y la visión a futuro son más difíciles de observar que los ingresos.

Sin embargo, se pueden construir indicadores que reflejen, en forma más o menos objetiva, el humor y las expectativas de los agentes. Así, los índices de confianza del consumidor más tradicionales intentan capturar el estado de ánimo de las familias. Para ello, relevan la evaluación que hacen estos agentes sobre la situación del país, la situación financiera personal y la predisposición a consumir bienes durables (indicadores relativamente sensibles a cambios en el contexto). Otros índices de confianza hacen énfasis en la situación y perspectivas del mercado laboral (y generan indicadores menos volátiles). En ambos casos, y a partir de los vaivenes en dichos índices, se puede vislumbrar cómo serán los movimientos de gasto de las familias y, por ende, cómo evolucionará el consumo privado. Saber cómo evolucionará este componente de la demanda es clave para determinar cómo se desenvolverá la actividad económica, puesto que el consumo es, en general, el componente de más peso dentro de la demanda agregada.

Uruguay.

En nuestro país, la confianza del consumidor ha caído en forma casi ininterrumpida desde los niveles máximos alcanzados a fines de 2014. Las subas de ese año se explican, en buena medida, a partir de los efectos del ciclo electoral de dicho año. Desde comienzos de 2015 se produjo un desinfle (natural en el año post electoral), a lo que se le agregó que los consumidores asumieron, aunque en forma gradual, que el deterioro en el contexto macroeconómico era suficientemente permanente. Además, incidieron dos hechos concretos que están relacionados con algunos componentes del índice de confianza. Primero, la suba del dólar llevó a una fuerte baja en la predisposición a la compra de bienes durables. Segundo, el aumento en los niveles de inflación motivó un deterioro en la evaluación sobre la situación del país.

Región.

El ajuste en la confianza que vivimos en el último año estuvo en línea con lo sucedido en otros países de la región. Así, como se observa en el cuadro, la confianza de Brasil y Chile cedió en 2015 en forma sustancial respecto al promedio de los años anteriores. El país norteño fue el que mostró el ajuste más marcado, en parte importante como consecuencia de la crisis política (además de la económica) que aqueja a nuestro vecino. Sin embargo, a pesar del ajuste, resulta llamativo que la confianza en dicho país no esté aún más baja que en el nuestro (cuando han evolucionado casi a la par en años previos y el deterioro es mucho más claro en nuestro vecino). Esto puede sugerir que la brecha debería ampliarse, por lo que nuestros consumidores pueden haber sobre ajustado sus niveles de confianza el año pasado o que los brasileños todavía tienen por delante mayores recortes en su humor (con las connotaciones negativas que esto tendría para nuestro país).

Mientras tanto, Argentina, que desde fines de la década pasada había sido el país con menor nivel promedio de confianza, mostró una suba de entidad el año pasado, en parte explicada también por los efectos positivos del ciclo electoral y, más sobre finales del año pasado, por la contribución al mejoramiento del clima económico derivado del levantamiento del cepo cambiario. Finalmente, Chile se ha caracterizado por mantener los niveles más bajos en los últimos años (como Argentina), a pesar que sus indicadores macroeconómicos han sido los más favorables entre los países de la región (los chilenos parecen ser más exigentes con el desempeño macro).

Finalmente, en relación a la región, cabe resaltar que nuestro país es el que ha mostrado menor volatilidad en el índice (absoluta y relativa), en niveles similares a los de Brasil. En el caso de Argentina y Chile, por los efectos de diversos eventos políticos y económicos d e entidad en el primero y como consecuencia de los desastres naturales e inconformidad social en el segundo, entre otros, han mostrado un humor claramente más cambiante. Evidentemente esto puede deberse a diferencias en la metodología con la cual se realizan los relevamientos en cada país (que no son idénticas), pero también denota que los uruguayos hemos procesado los cambios en el contexto con más suavidad que los vecinos.

Comentarios finales.

En suma, los países de la región considerados (a excepción de Argentina) han ajustado en el último año sus niveles de confianza a niveles más bajos, acordes con un contexto económico más complicado. Este estado de situación se ha traducido y traducirá en menor consumo de nuestros bienes y servicios por parte de los brasileños, como ya lo hemos notado en la última temporada con el turismo. Contrariamente, y felizmente para nuestros intereses, seguiremos viendo mayores gastos de las familias argentinas en nuestro país (algo que también verificamos en la última temporada turística). Para que esto se mantenga, es menester que al nuevo gobierno argentino le siga yendo bien, de forma que el desinfle habitual de la confianza que se produce en años post electorales, sea, en esta oportunidad, menor a la que hemos visto con regularidad en el pasado.

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