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Concentración y rentabilidad bancaria​ ​

Por Alejandro Cavallo – Artículo publicado el 28 de diciembre de 2015 en Economía & Mercado de El País


La reciente adquisición del Discount Bank por parte del Scotiabank se sumó a las operaciones de compra de una porción del negocio del Citibank por el Itaú y a la adquisición del Lloyds por el Heritage.

Estos movimientos vuelven a replantear el asunto de la concentración y rentabilidad del sistema bancario. ¿Ha aumentado la concentración? ¿Ha mejorado la rentabilidad en las instituciones? ¿La rentabilidad relativa es mayor en las entidades más grandes?

Con la compra del Discount, el Scotiabank alcanzó depósitos similares a los del BBVA y se consolidó como uno de los principales bancos privados, aunque algo por detrás del Santander y del Itaú. Así, estas cuatro instituciones y el BROU concentran más del 90% de las obligaciones del sistema bancario. En términos de red, acumulan más del 80% de las sucursales del sistema.

En primera instancia, pareciera que esta operación debió aumentar los niveles de concentración del sistema bancario. Sin embargo, si bien lo aumenta respecto a uno o dos años atrás, no lo hace respecto a la situación de fines de la década pasada (tanto tomando el market sharecomo el IHH, ver cuadro).

En efecto, luego de alcanzar elevados niveles en 2009 y 2010, la concentración del negocio bancario descendió levemente en los siguientes años, como consecuencia de una leve caída de la participación relativa del BROU y también de algunas de las mayores instituciones privadas. Así surge una primera apreciación de importancia: el nivel de concentración del sistema, que había crecido sistemáticamente y en forma sustancial en las últimas décadas, se estabilizó en los últimos años, incluso cuando se considera la adquisición del Discount por el Scotiabank.

Del anterior resultado podría inferirse que el sistema se ha concentrado lo suficiente como para facilitar mejoras en la rentabilidad derivadas de una estructura de mercado menos atomizada y con mejor utilización de los costos fijos, vía aprovechamiento de economías de escala y de alcance.

Sin embargo, los datos de rentabilidad relativa de las instituciones no muestran una mejora sostenida de este indicador luego del proceso de concentración que se observó en los últimos años. En efecto, los resultados sobre patrimonio del lustro 2011-2015 (luego de efectivizadas las principales fusiones y adquisiciones) no son mejores que los obtenidos en el período anterior (2006-2010, excluyendo un año atípico como 2009).

Evidentemente, las condiciones macroeconómicas y del sector pueden no haber sido las mismas y por ende llevar a que la comparación no sea del todo apropiada. Sin embargo, el BROU, la institución más grande del sistema, mostró rendimientos sobre patrimonio similares en ambos lustros, lo que evidentemente no demuestra pero sugiere que los eventuales cambios en el entorno no impactaron en forma sustancial en los resultados (o fueron compensados por mejorías en la eficiencia).

De todo lo anterior, podemos conjeturar que el proceso de concentración observado en la última década no generó (como era de esperar) mejoras apreciables en la rentabilidad en el sistema. Es posible que, en cambio, haya contribuido a evitar que las instituciones tuviesen rendimientos muy bajos o negativos.

Por otra parte, pareciera que las instituciones más grandes vienen en general obteniendo mejores resultados relativos que las más pequeñas. De hecho, en el conjunto de los bancos de menor tamaño, pocos han obtenido resultados sobre patrimonio, en forma sostenida, que puedan considerarse aceptables. Esto apoya el hecho de que es necesario determinado tamaño mínimo que permita repartir adecuadamente los costos fijos, un componente relevante en la estructura de egresos del sistema bancario.

Lo anterior sugiere que aquellas instituciones que no tienen determinada escala mínima o no atienden de forma eficiente a un segmento específico, están en una posición competitiva incómoda y deberán o bien aumentar sustancialmente su tamaño (algo que llevaría mucho tiempo sin una fusión o adquisición) o mejorar en forma contundente su foco en alguno de los segmentos objetivo (algo que aparentemente no han logrado, salvo excepciones).

Entonces, otra apreciación: el proceso de concentración de las últimas décadas contribuyó a mejorar o al menos sostener determinados niveles de rentabilidad para las instituciones más grandes pero, al mismo tiempo, dejó operando varios bancos de dimensión menor, con niveles menores (y en algunos casos reducidos) de rentabilidad relativa.

Independientemente del tamaño de los bancos, la rentabilidad del sistema seguirá estando sujeta a presiones adicionales cuando se acentúe, por ejemplo, el proceso de desintermediación, con crecientes emisiones de títulos por parte de instituciones que lleguen en forma directa al ahorro minorista. Por otra parte, los efectos de la ley de inclusión financiera serán ambiguos sobre la rentabilidad del sistema.

Por un lado, propiciarán mayores niveles de bancarización (aumentando la escala) mientras que, por otro, motivarán el ingreso de clientes de segmentos de dudosa rentabilidad para las instituciones bancarias. Así, lejos de mejorar, las condiciones para rentabilizar a los clientes serán más dificultosas para las instituciones, lo que podría propiciar nuevos movimientos de fusión o adquisición en el futuro.

 

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