23 . 7 . 2013 Volver al listado

Primera infancia en Uruguay: caracterizaciones y percepciones

El área de Desarrollo Social de Equipos MORI conjuntamente con el Laboratorio de Metodología viene desarrollando algunas líneas de investigación vinculadas a la primera infancia. La investigación sobre el desarrollo en la primera infancia ha mostrado la importancia de ciertas prácticas de cuidado para un desarrollo pleno de los niños y su impacto determinante para toda la vida.

Es así que uno de los objetivos planteados es conocer las percepciones de la población uruguaya sobre la primera infancia relacionadas con estos hallazgos previos, identificando posibles barreras al desarrollo de los niños a este nivel y, consecuentemente, áreas de investigación para la intervención de las políticas públicas.

El foco principal está en cómo se visualizan los centros educativos para la primera infancia por parte de la población.

¿Por qué la primera infancia?

La primera infancia representa el momento de mayor desarrollo de las potencialidades y el bienestar de cada persona. Tiene, por tanto, un gran impacto en las posibilidades y desarrollo futuro de los individuos y la sociedad.

En términos biológicos en los primeros tres años de vida el cerebro crece en tamaño y sobre todo crece exponencialmente en las conexiones y sinapsis. En los primeros tres años de vida el cerebro de un niño es mucho más activo que el de un estudiante universitario. Así como sus cuerpos necesitan leche materna, sus cerebros necesitan afecto, estimulación e interacciones significativas (Yáñez, 2013: 5) . En términos sociales en esta etapa los niños inician su proceso de socialización, el proceso de adquisición de saberes y habilidades sociales.

Por tanto las desigualdades que se sucedan en esta etapa condicionarán lo que pueda hacerse en las etapas siguientes del desarrollo.

En el mundo, a nivel general, si bien los hallazgos de la neurociencia y la economía muestran la importancia de invertir en la primera infancia, queda un enorme desafío por delante para que esta etapa sea visualizada como una prioridad estratégica en las políticas públicas (Yáñez, 2013: 5).

Si bien hay un esfuerzo publico importante en el diseño de políticas sociales dirigidas a la primera infancia (el impacto de la Reforma de la Salud, la nueva Ley de Asignaciones Familiares, políticas vinculadas a mejorar los centros de educación inicial, la cobertura CAIF, etc.) pero se carece de información sobre las visiones de la población sobre la primera infancia, las condiciones y prácticas para su desarrollo.

Hallazgos

A través del análisis de la información secundaria disponible (microdatos del Censo de Población, Hogares y Viviendas realizado en 2011 por el Instituto Nacional de Estadística, así como de los microdatos de la Encuesta Continua de Hogares 2012, INE) y de la incorporación de un bloque de preguntas en la Encuesta Nacional de Hogares de Equipos MORI, cuyo tamaño es de 700 casos, se releva de forma cara a cara cada dos meses entre personas mayores de 18 años residentes en hogares particulares de las áreas urbanas de más de 10.000 habitantes, se han identificado aspectos a destacar en términos de la asistencia a centros de educación inicial, las prácticas y arreglos familiares para el cuidado de los niños menores de 5 años (claramente diferentes de 0 a 3 años y de 4 a 5) así como algunas creencias que pueden resultar en barreras para que la primera infancia reciba estimulación especializada. Estas creencias tienden a estar más extendidas en los hogares más vulnerables. Sin duda la sensibilización en este tema se abre como un espacio de acción para las políticas públicas.

Al observar la proporción de niños que asisten a un centro de educación inicial o preescolar se aprecia que hasta el año no parecen existir diferencias entre los hijos de mamás de diferentes niveles educativos, pero es a partir de los dos años donde claramente comienza a abrirse la brecha y la diferencia alcanza su máxima expresión cuando los niños tienen tres años. Al final de esa edad el 91% de los niños cuyas mamás tienen nivel educativo terciario asisten a algún centro de educación inicial vs un 44% de los niños cuyas mamás tienen primaria o menos. Ver Gráfico 1

Percepciones de la población general sobre la Primera Infancia, Desarrollo y Centros de Educación Inicial

Existe consenso en la población que la primera infancia es la fase más importante para el desarrollo durante toda la vida y sobre algunas diferencias a favor de los niños que asisten a centros de educación inicial relacionadas a la adquisición del lenguaje y otras habilidades sociales. No obstante no hay consenso cuando se consulta por la responsabilidad del cuidado de los niños (50% declara que es exclusivamente de los padres y de la familia) y los lugares o espacios de estimulación (la familia es el único lugar para estimular el desarrollo de los niños para el 45% de la población).

Asimismo, hay un 20% de personas entrevistadas que consideran que no tiene sentido enviar a un niño menor de 3 años a un centro de enseñanza preescolar porque a esas edades no aprenden nada, un 25% considera que los centros de educación inicial son lugares que solo sirven para cuidar a los niños mientras sus padres trabajan. Estas consideraciones están presentes con mayor intensidad en los entrevistados de menor nivel educativo. Ver Gráfico 2

Por otro lado, otro aspecto no menor es la creencia de que la solución más adecuada para el cuidado de los niños mientras se trabaja es la familiar o la de una persona de confianza cuando los niños son menores de 3 años, y la del jardín o guardería cuando tienen 4 o 5 años. No obstante en este último tramo de edad también hay una proporción de personas que creen que lo mejor es que estén en la casa o con una persona de confianza. Ver Gráfico 3

Estos hallazgos preliminares muestran la asistencia actual a centros de educación inicial como un indicador de desigualdad social lo que considerado a la luz de las creencias evaluadas configuran un panorama complejo en la reproducción social de las desigualdades. También son indicativos de la necesidad de seguir investigando en aquellos aspectos que pueden operar como “percepciones de barrera” para la asistencia, indagar en las percepciones sobre la oferta de centros, expectativas, la importancia que tienen el estimulo oportuno y la educación, así como en la necesaria sensibilización de la población en la temática.

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