23 . 11 . 2013 Volver al listado

Dos de cada tres uruguayos en contra de la regulación de la marihuana

La semana anterior Equipos MORI analizaba el contexto electoral y llegaba a la conclusión de que el Frente Amplio partía como favorito en la elección nacional, pero que no todo estaba definido. En el camino de Vázquez hacia un segundo período presidencial pueden surgir algunos obstáculos. Uno de ellos tiene que ver con la Ley de regulación de la marihuana recientemente aprobada en el Parlamento, con la que la mayoría de los uruguayos discrepa.

Efectivamente, al terminar el año, dos de cada tres uruguayos (66%) está en contra de esta Ley, mientras que uno de cada cuatro (24%) está a favor.

Este estado de opinión, además, no responde a un momento coyuntural. Por el contrario, el juicio de los uruguayos sobre este punto ha sido mayoritariamente negativo a lo largo de todo el 2013. En octubre la brecha pareció acortarse, cuando el tema había salido de la agenda. Pero en diciembre, pocos días antes de su aprobación final en el Senado (la Ley se aprobó el 10 de diciembre, esta encuesta se realizó entre el 2 y el 10 de diciembre), nuevamente creció la desaprobación a la misma.

El gobierno ha variado a lo largo del año su encuadre sobre el tema. De una propuesta inicial que se entendía más como una Ley de “legalización” de la marihuana, se pasó en los últimos meses a poner énfasis en la idea de “control” y de “regulación” del tema (conceptos más aceptados por el gran público), como forma de combate al narcotráfico. Pero, al menos hasta el momento, la opinión pública uruguaya sigue entendiendo la Ley más en el primer sentido (“legalización”) que en el segundo. En preguntas abiertas realizadas a los uruguayos en encuestas de Equipos MORI, el principal factor de resistencia a la Ley tiene que ver precisamente con un rechazo a la idea de “legalización”. Ergo: los esfuerzos del gobierno por cambiar el encuadre no parecen haber dado resultados significativos hasta el momento.

El otro componente interesante del tema es que el apoyo y rechazo a la Ley no son homogéneos entre los uruguayos sino que están marcados por factores político-partidarios y por factores socio-demográficos.

Empezando por lo político: entre los votantes blancos y colorados los juicios son casi unánimes: nueve de cada diez están en contra de esta Ley. Entre los votantes frentistas en cambio las opiniones están divididas (40% apoya la Ley y 48% la rechaza). El Frente Amplio, impulsor del proyecto, ha logrado alinear una parte de su electorado en torno al tema, pero en los hechos una parte importante de sus propios votantes se oponen a la misma.

En términos socio-demográficos, la Ley recibe rechazos amplios en todas las personas mayores de 30 años. Solo entre los jóvenes hay juicios divididos: 43% a favor y 45% en contra, pero ni siquiera en este segmento el apoyo es mayoritario. Y algo similar ocurre con el nivel socio-económico. A medida que se desciende en la estratificación social se tienen juicios más críticos sobre la Ley. En todos los estratos sociales hay un amplio rechazo, salvo en los estratos medios y altos, en los que hay juicios divididos.

El apoyo, por otra parte, es mayor en Montevideo que en el interior del país.

Por lo que, en suma, esta iniciativa del gobierno aprobada por el Parlamento genera adhesiones de un segmento de público bien caracterizado de la sociedad uruguaya. Si se habla de personas jóvenes, votantes del FA, que residen en Montevideo y de NSE medio alto y alto, ese es el segmento que tiene mayores niveles de apoyo a la Ley. Pero este segmento es en los hechos muy pequeño como para incidir cuantitativamente sobre el conjunto de la opinión pública.

Por eso es que este tema puede transformarse en una piedra en el zapato para el gobierno, e incluso para la candidatura de Vázquez en 2014: la Ley responde a la agenda e intereses de un segmento particular de votantes, pero es resistida por la mayor parte de la población.

Es difícil saber en qué medida este tema será considerado central por los votantes a la hora de definir su voto (de hecho, hay motivos para pensar que para algunos electores puede llegar a ser un tema secundario). Pero, de cualquier forma, está claro que es un tema en el que el Frente Amplio navega “contra corriente”.

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