9 . 11 . 2012 Volver al listado

Más ahorro para crecer rápido

Por Ec. Alejandro Cavallo

Si bien en los últimos años la inversión en nuestro país ha aumentado en términos relativos, todavía se encuentra por debajo de los niveles que se observan en algunos de los países más dinámicos del conjunto emergente. Los niveles de ahorro doméstico se han caracterizado por ser reducidos en términos relativos, lo que puede ser problemático en la medida que dicha variable es la principal fuente de fondos que financia la inversión. Por tanto, surgen algunos interrogantes relevantes para el horizonte económico de mediano plazo: ¿cómo ha evolucionado el ahorro en nuestro país? Los recientes datos de sustancial expansión del ingreso, ¿motivaron mayores niveles de ahorro?, ¿una mayor tasa de ahorro doméstico podría inducir mayores niveles de inversión?

En general, se observa que con mayores tasas de ahorro se obtienen mayores tasas de inversión. Además, la inversión es una variable crítica para el desempeño económico, desde el momento que gracias a la misma se amplían (o al menos se mantienen) las posibilidades de generar ingresos en el futuro. Así, más ahorro se traduce en más inversión que, bien aplicada, genera más ingresos y seguramente más bienestar en el futuro. El ahorro depende en buena medida de los niveles de ingreso, aunque hay otras variables que se toman en cuenta como, por ejemplo, la tasa de interés y el grado de impaciencia del consumidor. Los autores clásicos consideraban que las decisiones de ahorro-consumo dependían del ingreso y de la tasa de interés. Las corrientes keynesianas identificaban al ingreso corriente como la variable más relevante para explicar el consumo y el ahorro. Aportes posteriores, como la teoría del ingreso permanente, proponían que el gasto en consumo no depende del ingreso corriente sino de aquel que se estima obtener durante toda la vida. Así, los aumentos permanentes del ingreso dan lugar a aumentos en el consumo (puesto que esta conducta puede sostenerse en el tiempo), mientras que los aumentos transitorios en el ingreso dan lugar a aumentos en el ahorro.

En primera instancia, podemos observar si el aumento en las tasas de crecimiento del ingreso observado en los últimos años tiene relación con una mayor tasa de ahorro o ésta sigue relativamente estancada. Esta cuestión es relevante, puesto que si las mayores tasas de crecimiento de los últimos años están relacionadas con mayores tasas de ahorro y si además suponemos que la causalidad va desde ahorro a crecimiento (vía inversión), podría decirse que la economía está creciendo más porque está habiendo más ahorro e inversión. Y esto permitiría, a continuación, conjeturar que las tasas de crecimiento mayores serán más bien permanentes, puesto que la tasa de ahorro es bastante estable.

Al analizar los datos de Cuentas Nacionales para dilucidar qué ha pasado, encontramos una situación intermedia. Es decir, tanto el ahorro como la inversión, como porcentaje del producto, han aumentado moderadamente en los años recientes, desde 13,4% y 14,2% respectivamente en la década de los noventa a 16,6% y 17,5% respectivamente en el último ciclo expansivo comprendido entre 2003 y 2011. Es decir que ha habido un aumento de la inversión que puede estar explicando parte del aumento en la tasa de crecimiento que hemos observado últimamente. Sin embargo, ninguna de las dos variables, en especial la inversión, han aumentado lo suficiente como para justificar que la tasa de crecimiento se haya duplicado desde 2,7% a 5,3% en dichos períodos. Hemos tenido mucho mayor crecimiento con un moderado aumento de la tasa de inversión, lo que puede ser explicado, entre otros, por un shock tecnológico, por mejoras en la calidad de nuestras políticas económicas e instituciones o por un aumento de precios que genere un efecto ingreso de importancia.

Para tener elementos adicionales que nos permitan visualizar si estamos creciendo acorde o por encima de lo que podría esperarse de acuerdo a los guarismos de nuestra tasa de inversión, podemos analizar cuánto crecen otros países que tienen tasas de inversión similares a las nuestras. Según los datos del Banco Mundial, los países que han invertido entre 15% y 20% del producto en los últimos años (un rango que ubica a nuestro registro de 17,5% en la mitad de dicha banda) han crecido a una tasa promedio anual de 4,2%, es decir, un guarismo 1,1% menor al nuestro. Uno podría suponer que este mejor desempeño de Uruguay en comparación con otros países puede deberse, en parte, a progresos de importancia en aspectos institucionales como estabilidad política, buenas políticas macroeconómicas, buen clima de negocios, etc. Sin embargo, hay una característica común entre los países que crecen mucho (los "dinámicos" en el cuadro) o a tasas similares a la uruguaya (los de "crecimiento medio"). Dicha característica es que estos países exportan, mayoritariamente, bienes primarios, como commodities alimenticios, hidrocarburos y similares. Y es notorio que los precios de estos bienes han aumentado sustancialmente en los últimos años. Mientras tanto, los países que tienen una porción bastante menor de bienes primarios en sus exportaciones, han crecido a tasas sensiblemente menores que nosotros, aun teniendo tasas de inversión similares.

Por tanto, esto lleva a pensar que la duplicación en la tasa de crecimiento de los años recientes se explica, en buena medida, a partir de la mejora de los términos de intercambio. Es probable que en el futuro años sigamos creciendo a tasas mayores que en el pasado, pero todavía por debajo del 5% o 6% anual. De esta forma, sigue siendo importante que aumenten los niveles de ahorro y de inversión para sostener una tasa de crecimiento mayor. Entonces, ¿por qué hemos tenido y seguimos teniendo bajas tasas de ahorro que limitan las posibilidades de crecimiento a futuro? Una razón por la cual no ha aumentado significativamente el ahorro, siguiendo la teoría del ingreso permanente, es que las familias consideraron que el aumento del ingreso real de los últimos años fue más bien permanente y, como sugiere la teoría, volcaron dicho incremento principalmente a consumo, y no a ahorro.

Otra posible explicación podría ser que las familias no encuentran opciones atractivas para ahorrar a mediano plazo acá. La teoría indica que la tasa de interés real es una de las variables relevantes para explicar el ahorro. En este sentido, las tasas de interés reales para los depósitos en pesos y en dólares que ofrece el sistema bancario normalmente son negativas. De hecho, los datos de aumentos de depósitos del sistema financiero indican que han crecido en línea con el aumento de los ingresos, pero no más allá de los mismos. Volviendo al principio, los agentes deben estar convencidos que vale la pena sacrificar consumo presente para consumir más en el futuro. Y esto se logra si los incentivos son los adecuados, no solo en términos de tasa de interés, sino en términos de la probabilidad que efectivamente podamos consumir más, o mucho más, en el futuro.

Parecería que si bien ha habido mejoras institucionales que propiciaron un moderado aumento de la tasa de inversión, las mismas no son ni serán suficientes como para que dicho indicador aumente sustancialmente a partir de los niveles actuales. Para esto, es necesario que suba en forma significativa la tasa de ahorro, en particular la doméstica. Para esto, evidentemente contribuye el hecho de que el ingreso siga aumentando a buen ritmo. Pero hacen falta alternativas de canalización del ahorro para el pequeño y el mediano ahorrista a mediano plazo, como podrían ser fondos de inversión con un mecanismo de funcionamiento similar a las AFAP, pero de tipo voluntario. También desde el lado del sistema financiero podría darse un impulso, a partir del desarrollo del mercado de ahorro y crédito a mediano plazo en unidades indexadas, que paulatinamente sustituya al dólar como principal moneda de reserva.

(Artículo publicado en Economía y Mercado del diario El País el 5 de noviembre de 2012)

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