9 . 10 . 2011 Volver al listado

Inflación: Objetivos y resultados

Por Ec. Alejandro Cavallo

Salvo en 2002 y 2003, por efecto de la devaluación de dichos años, la inflación se ha ubicado por debajo de 10% anual desde 1998, un logro indudable a juzgar por la historia económica moderna de nuestro país, que mostró una inflación promedio anual de 46% en la segunda mitad del siglo XX. Sin embargo, la tasa de inflación ha sido de 7% anual para el promedio de los últimos años, un registro sustancialmente mayor a lo que es aceptado como saludable y que además la ubicó sistemáticamente por encima del centro del rango meta. ¿Hay una inflación óptima en general o puede decirse que ésta depende de las características de cada país? ¿Qué costos genera incumplir sistemáticamente los límites del rango meta? ¿Los incumplimientos son casuales o tienen una explicación basada en la existencia de determinados incentivos?

COSTOS Y BENEFICIOS. La inflación se define como un aumento de precios generalizado. Esta definición excluye a los aumentos de precios que pueden observarse en algunos bienes que son necesarios para que la economía procese un ajuste de precios relativos, es decir, que algunos bienes se encarezcan respecto a los demás. La inflación es un impuesto a quienes mantienen saldos monetarios. Es particularmente nociva para quienes tienen una porción importante de sus ingresos o de sus activos en moneda nacional. Además, la inflación afecta directamente a uno de los atributos del dinero, la reserva de valor, disminuyendo la demanda de dinero, lo que lleva a que la economía se encuentre menos monetizada y a que los agentes busquen alternativas de conservación del poder de compra en otros instrumentos, como ha sido el caso del dólar en nuestro país. La inflación también genera mayor incertidumbre, lo que de forma directa o indirecta afecta decisiones de ahorro e inversión.

¿Por qué es saludable “un poco” de inflación? Porque hay una asimetría en el comportamiento de los precios. Es decir, mientras no hay grandes obstáculos para que suban, es mucho más difícil que se reduzcan. Por esta razón, un poco de inflación es conveniente, puesto que permite el ajuste de los precios relativos sin necesidad que ciertos precios bajen, un proceso costoso y a veces doloroso. Alcanza con que algunos precios se mantengan estables mientras otros suben para que los primeros desciendan en términos reales. Esto es particularmente relevante en el mercado laboral, en el cual, ante un escenario recesivo, un poco de inflación contribuye a disminuir el costo salarial real sin necesidad que las empresas realicen reducciones en las remuneraciones nominales o despidos de trabajadores.

Además, la inflación debería ser lo suficientemente alta como para que las autoridades monetarias tengan la posibilidad de bajar la tasa de interés nominal ante un escenario adverso. Si el objetivo de inflación fuese muy bajo, por ejemplo de 0%, no sólo sería difícil que la economía procese ajustes de precios relativos sino que la tasa nominal de interés se ubicaría en niveles peligrosamente reducidos, dejando muy poco margen para disminuciones de tasas que incentiven la demanda. En definitiva, la inflación debería ser, simultáneamente, lo más baja posible y lo suficientemente alta como para evitar que la tasa de interés nominal llegue a cero. En los países desarrollados que llevan años aplicando sistemas de objetivos de inflación, la tasa meta se fija en 2% o 3% anual.

LA REGION Y URUGUAY. En el cuadro se presentan los datos de los países de la región que han implementado sistemas de objetivos de inflación así como los de Nueva Zelanda, que fue el pionero al implementar este sistema en 1988. Se observa que en la mayoría de los países la inflación efectiva ha estado muy cerca del objetivo planteado. Respecto a esto, cabe mencionar que en nuestro país se ha verificado un desvío de la meta de un poco más de un punto porcentual. En principio, no es un mal resultado, considerando que Uruguay es por lejos el que lleva menos años de aplicación de este sistema, que nuestra meta es algo mayor a la del resto de los países y que nuestra economía es más pequeña y por ende está más expuesta a los efectos de shocks externos. Sin embargo, el hecho que haya un sesgo positivo, indica que en forma sistemática la inflación se ha ubicado por encima de la meta, lo que podría sugerir que las autoridades no han sido lo suficientemente enérgicas en el control de la inflación o que otros objetivos han tenido una mayor ponderación relativa.

Al analizar el indicador que mide la brecha de expectativas, también los resultados son desfavorables para nuestro país. Es decir, los analistas que contestan la encuesta de expectativas del BCU, sistemáticamente han pensado que la inflación iba a ubicarse en el futuro en un nivel mayor al del centro del rango meta correspondiente. Este hecho es quizás más relevante que el anterior, puesto que indica que los agentes han tenido dudas de que la autoridad monetaria cumpla con los objetivos, ya sea porque son escépticos respecto a que puedan hacerlo o respecto a que efectivamente deseen hacerlo.

COMENTARIOS FINALES. Si la meta se ha fijado en un nivel suficientemente alto, de 5%, que contempla las particularidades de nuestro país pequeño, ¿Por qué la inflación se ha ubicado sistemáticamente por encima de la meta? Porque el mandato de la autoridad monetaria es dual, lo que lleva a que se consideren otros objetivos, y porque una inflación mayor a la fijada como meta puede generar ciertos beneficios para el gobierno. En efecto, sobre la primera razón cabe mencionar que el BCU tiene como finalidad “… la estabilidad de precios que contribuya con los objetivos de crecimiento y empleo”. Este mandato dual, tiene a la vez la virtud de incluir objetivos múltiples y la desventaja de otorgarle al BCU una amplia discreción para que pondere entre los objetivos de inflación y de actividad, lo que puede llevar a una preferencia en particular hacia alguno de estos objetivos. En segundo lugar, cierta laxitud en el cumplimiento de los objetivos de inflación por parte de las autoridades genera como contrapartida la posibilidad de lograr resultados deseables (al menos en el corto plazo) en otras variables que también son relevantes, como el tipo de cambio nominal o el nivel de actividad de nuestra economía.

En este sentido, cabe preguntarse si, con nuestra economía creciendo a altas tasas y bajo un contexto macroeconómico muy favorable, la balanza no debería haberse inclinado un poco más hacia el fiel de la inflación, en detrimento de las variables asociadas al nivel de actividad y el empleo. Más aun si se toma en cuenta que los posibles efectos sobre estas variables son de corta duración y todavía los resultados del sistema de objetivos por inflación no son enteramente satisfactorios. De todas formas, aun en el caso que efectivamente se hayan sobrevalorado estos últimos objetivos (intencionalmente o como resultado del natural proceso de aprendizaje de un nuevo sistema monetario), el balance de los últimos años es sin dudas positivo. En adelante, las autoridades deberán intentar cumplir los objetivos de manera más estricta de forma de propiciar un círculo virtuoso de mayor monetización, desarrollo de los mercados de valores en moneda nacional y disponibilidad de instrumentos más efectivos para implementar las decisiones de política monetaria.

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